CLAROS DE BOSQUE
Bianyal
Vall de Bianya, Olot
2017

Obra participant a la Bianyal 2017

Comissari David Santaeulària. Associació Binari.  Amb Rafel G. Bianchi, Tom Carr, Anna Dot, Marc Larré, Èlia Llach, Pere Noguera i Ariadna Raventós.
https://binariolot.com/2017/10/23/bianyal-2017-reportatge-grafic/

Hi hauria d'haver alguna cosa inquietant en l'exercici de la visió per descobrir la vulnerabilitat del fet. Retrobar-se amb ella palpitant i desproveïda d'armes pr a defensar-nos. En aquest dibuix el coneixement neix de l'anhel. Com aquell ocell en l'obra de María Zambrano que a Claros del bosque ens convida a anar allà on marca la seva veu. De la mà brolla un temps que no pot aturar-se. Naixent, res vol convertir aquests dibuixos en objectes. No hauríem de buscar res prefigurat. Aquest palpitar que no és ser ni només vida, sino viure ja i des d'ara. 
Des de quan?







          Políptic. Carbó sobre paper. 6'30 x 2 m

              Fotografies de Marina Sáenz i Frederic Montornés.










DAR CUERPO
Sis Galeria, Sabadell
2017


¿Qué hay en el fondo del deseo de sumergirse en la cosa que obsesiona; de dar el último salto; de lanzarse sin demora y decididamente en pos de lo que se ignora; de franquear el Rubicón; de romper las amarras; de liberarse de todas las precauciones; de arrojarse a la boca del lobo; de jugar a fondo perdido?
Pascal Quignard

http://web.sisgaleria.com/files/elia-llach-dar-cuerpo.pdf




Políptico. Bolígrafo sobre papel 4 m x 1'40 m

Fotografies de Marc Llibre Roig




Cuando al oír el canto de las sirenas, Butes salta al mar dejando atrás la nave de los Argonautas, una nueva forma de vida arranca y de la que no se puede volver atrás: la experiencia radical. 

En Dar Cuerpo hay  un cuerpo que falta. Ha sido desbordado y actualizado por la potencia de la acción. Falta el cuerpo cuando el espacio ocurre. Falta el cuerpo cuando arranca el querer: Querer dibujar lo que aún no está. Querer dibujar lo que aún no ha desaparecido. Querer llegar ahí donde no se podrá ir nunca sin querer dar cuerpo a la voz, promesa que fulgura. 

Dar Cuerpo habitaría el tiempo épico que apunta Roland Barthes: “Carece de presente y de pasado y está plenamente entregado a un arrebato, cuyo objetivo, en caso de ser conocido, parecería tan irreal a los ojos del mundo”. Quien salta suscita la vida. Quien salta al vacío no aspira a la vida sin ser vivida.

No poder volver atrás es avanzar hacia la muerte, pero quien salta no la teme. Lanzarse al vacío, querer recobrar vivir: Dar cuerpo a la urgencia de la voz.



Vista general 


Bolígrafo sobre papel 1m x 1'40 m


Bolígrafo sobre papel 1m x 1'40 m


Bolígrafo sobre papel 1m x 1'40 m


Bolígrafo sobre papel 1m x 1'40 m


Fotografia digital

Bolígrafo sobre papel 100 x 70 cm


Bolígrafo sobre papel 50 x 70 cm


Políptico. Fotografía digital intervenida con disparo de bala.



Detalle


Vista general


Bolígrafo sobre papel. 1'40 m x 1'40 m



LA HORA DEL VERMUT.
Abierto Valencia
2016

(Obra participant a Abierto Valencia, 2016)
Amb Misha Bies Golas, Manu Blázquez, José Luis Cremades, Enrico della Torre, Antonio González, Irene Grau, Luce, Èlia Llach, Álex Marco, Nico Munuera y Pau Orts.
Fotos: Álex Marco.






LENGUAJE ESFÉRICO
Group Show
2016-2017


Exposición comisariada por Pilar Bonet

Con Josefa Tolrà, Loreto Blanco, Lídia Fané, Èlia Llach, Ita Puig, Reme Remedios, Bea Romarty y Gemma López.
Bienal Miradas de Mujeres 2016.  Centro de Arte Dosmilvacas. Ponferrada, 2016
--> Galeria Isköo. Lugo, 2017




                                                     Bolígrafo sobre papel. Políptico. 2'50 x 0'70 m






 


RUIDO
Èlia Llach & Ian Waelder.
Ana Mas Projects, 2016


Exposición comisariada por Frederic Montornés


En trobar-me en una gran nau de gòtic català penso en Bach. En trobar-me davant una superfície blanca per a omplir, amb espais buits, intervals, silencis i signes aguts a marcar-hi, penso en Stockhausen. En passejar pel camp, en intervals de repòs, penso en Varèse. En passejar pels carrers d’aquesta gran ciutat, penso sovint en John Cage.  

Joan Miró                                                                                                                                         

A partir de esta respuesta de Joan Miró a Lluís Permanyer a la pregunta acerca de sus compositores preferidos y que aparece en el libro 43 respostes catalanes al qüestionari Proust editado por Edicions Proa en 1967, uno se podría preguntar qué es lo que llevaría a Joan Miró a pensar en John Cage paseando por las calles de Barcelona.
Dándole unas vueltas a este asunto y, sobre todo, a la relación que mantuvo John Cage con el silencio y el ruido, vi que un amigo había compartido en su muro de facebook un vídeo que, sin saberlo, iba a ser muy revelador. Para mí. Se trataba del extracto de una entrevista a John Cage en el que el artista se refería al silencio. Es decir, a lo que yo entendía en oposición al ruido.
Nada nuevo. Ya sé. Nada original.
Al principio de aquella entrevista, John Cage decía que cuando escuchaba lo que se conoce como música le daba la impresión de que alguien le estaba hablando acerca de sus sentimientos, ideas, relaciones, etc. Sin embargo, cuando escuchaba el sonido del tráfico no le daba la impresión de que nadie le estuviera hablando de sí mismo sino que sentía que el sonido estaba actuando y que él amaba profundamente esta actividad. También decía que amaba el sonido por lo que era y que no necesitaba que fuera nada más. En otro momento de la grabación declaraba que la experiencia del sonido que prefería era, paradójicamente, la del silencio y que, para él, el silencio era poco menos que el sonido del tráfico. Como colofón de este pequeño extracto señalaba que, si al escuchar a Beethoven o a Mozart -o sea, lo que se conoce por música- uno percibía siempre lo mismo, al escuchar el silencio siempre descubría algo distinto.
A partir de la asociación entre el sonido del tráfico y el silencio como síntoma de esa actividad que John Cage ama profundamente y que lleva a Joan Miró a relacionarlos indefectiblemente, uno podría pensar que si un dibujo fuera a la música lo que un trazo al tráfico, el trazo vendría a ser como el registro de una acción y, como tal, siempre sonaríadistinto. En consecuencia, mientras que el dibujo nos hablaría de sentimientos, ideas, relaciones, etc. el trazo se limitaría a dejar constancia de lo que hubiera pasado.
Si lo que acabamos de decir podría ser tan discutible como aquella sentencia de John Cage entendida a la manera de una interpretación subjetiva, nuestra asociación entre el trazo y el tráfico, también se podría entender del mismo modo. Es decir, como una interpretación subjetiva que, aun no siendo la de un sabio, nos llevaría a concluir que, en tanto que rastro de una acción, el trazo es el registro de un cuerpo actuando.
Por mucho que un trazo se entienda como el resultado de una acción que, a diferencia de un dibujo, responde a una cuestión mecánica, el hecho de que haya sido ejecutado por alguien le imprime una intención que, aunque sea distinta a la del dibujante, permite entender el trazo como el resultado de una decisión. La decisión, quizás, de actuar sobre la superficie de un papel , un cartón, una calle, una madera, un tubo, un cristal, una fotografía, un folio… etc.
Y entendemos la capacidad de decidir como algo humano. Muy humano. Nunca mecánico.
Todo ello nos lleva a pensar que si en el trazo o en el dibujo se halla implícita la existencia del hombre, mientras que en el dibujo nos habla de sus emociones, el trazo lo hace de una acción. Una acción que, como la de caminar, podría ser como consecuencia de un interés por el entorno, la decisión de registrar un movimiento o como aquello que, en algún lugar, pudiera permitir un diálogo entre la obra de Èlia Llach (Barcelona, 1976) y la de Ian Waelder (Madrid, 1993).
Unidos por la pasión de escudriñar la ciudad, observar lo que sucede, dejar constancia de lo imperceptible o enfrentarse a su conocimiento de modo activo -y, por lo tanto, actuando- entendemos las obras de Èlia Llach e Ian Waelder como registros de una acción en su aprehensión de la ciudad. Eso sí, desde perspectivas muy distintas.
La primera vez que supe de Ian fue a través de su muro de facebook. Además de su madurez como artista, lo que me interesó de su obra fue el modo de abordar el dibujo desde el trazo del patín con el que palpaba la ciudad, sorteaba sus obstáculos, se fijaba en lo que había de cotidiano, recuperaba lo efímero y señalaba que la experiencia contemporánea se dirimía en torno al fracaso. Y sin embargo siempre estaba de buen humor.
Se dice que una de las virtudes del patinador radica en su capacidad de repetir un truco hasta bordarlo con éxito. Y que en su búsqueda hacia esta meta son innúmeras las veces que cae, se rompe, desespera y casi abandona. Pero el instinto de superación hace que siga luchando por conseguir sus objetivos. Resistiéndose. Resistiendo. Mostrando residuos como quien realiza un dibujo.
La primera vez que supe algo de Èlia fue en el marco de una de esas bienales cuyo sentido sigue teniendo vigencia por cuanto que muestran esa (otra) cara desde la que (también) se observa el arte. Eso sí: más allá de Barcelona. Un territorio tan alejado como necesario en el que, además de confrontarnos con las inquietudes de contextos poco frecuentados, se nos depara el acceso a la obra de artistas de los que apenas se tienen noticias. En este caso y en lo que a mí respecta, a la obra de Èlia Llach.
Debo confesar que, de sus dibujos, me sorprendió casi todo. Pero si algo debiera señalar hablaría del modo en que, en su empeño por conseguir lo que se le resistía -¡quién sabe!, quizás una imagen- la artista insistía en la idea de hacer un dibujo repitiendo el rastro de su mano sobre superficies de todo tipo y bajo el influjo de la orientación, la gravedad, el azar, el impulso, la cadencia, la entonación, la resonancia, la expansión, el extrañamiento, en suma, su cuerpo. El mismo que camina. Ese cuerpo de cuyo trazo deja constancia en un políptico de paseos realizados por su ciudad y sin pensar hasta dónde llegaría.
Tráfico, trazo y acción pero también silencio, dibujo y música son conceptos que, bajo el ruido del silencio, podrían unir las obras de dos artistas que, como Ian y Èlia, se refieren al acto de caminar como generador de pensamiento. Aunque también como consecuencia de su interés por el entorno. Pero sobre todo, como el registro de un movimiento a partir de un principio de inercia, impulso o propagación que oscila como un temblor bien sea a pie, en el caso de Èlia, bien sea en patín, en el caso de Ian.
Un temblor. O un ruido. Como el rastro del acto de caminar. Según Roland Barthes, el gesto mitológicamente más trivial y, por lo tanto, más humano.
Frederic Montornés

http://www.anamasprojects.com/projects/elia-llach-e-ian-waelder-ruido/

                                                                            

        Vista general de parte de la exposición. 
(Esculturas y vinilo de Ian Waelder)
Fotografía de Roberto Ruiz


Vista general de parte de la exposición.
Fotografía de Roberto Ruiz




 Bolígrafo sobre papel 1'90 x 1'40 m c/u
Fotografía de Roberto Ruiz



Cuerpo de prueba. Tinta china sobre papel. 
Fotografía de Èlia Llach


Walking Drawing. Detalle. 
Políptico. Bolígrafo sobre papel
Fotografía de Irene Pedrico 




                                          Walking Drawing. Políptico. Bolígrafo sobre papel. 3m x 0'15 m
                                                                        Fotografía de Fredric Montornés






Notation. Detalle.
 Políptico. Tinta china sobre papel.


Notation. Detalle.
 Políptico. Tinta china sobre papel.


                                                                       


WALKING DRAWING
2013-2015



Polypthic
Pen on paper 10 x 15 cm c/u 
Detail.




Werner Herzog caminó desde Munich a París para ver a Lotte Eisner, quien enferma estaba a punto de morir. Con la firme creencia que ella continuaría con vida si él iba a pie, caminó durante dos meses en pleno invierno. Con el cuerpo llevado al límite, Herzog atravesó ciudades, campos desolados y perdió el rumbo. Del frío a la soledad extrema, cruzó un paisaje geográfico y mental que sólo la duda de si ella continuaría con vida lo mantendría en movimiento.

No te preguntes qué es aquello que estás viendo y cambia el verbo por aquello que sucede. Reencuentra el tiempo y el espacio ocasionados por el contacto del trazo que se debe al estremecimiento del instante y que consiste en existir.  Abrirse paso cuando ya cercanos al punto de deriva retomamos el impulso con mayor intensidad. La mano, el cuerpo: la trayectoria del gesto y del aliento que se prolonga.

Nadie permanece mucho tiempo ante una imagen detenida. Las líneas de errancia arriesgan una improvisación. Sostener un mismo trazo y devenir, trazándose en su entonación y resonancia, en su expansión y entrañamiento. Volver al cuerpo y a la mano que traza,  como aquella voz que canta para acumular fuerzas ante el miedo.  El canto del pájaro: la paz recobrada al término del trayecto.*

Cuando Werner Herzog llegó a París, Lotte Eisner le esperaba.


*Chantal Maillard. El pájaro. Variaciones sobre poesía y pensamiento 







LLANÇA EL BUIT ENFORA DELS TEUS BRAÇOS
Arroja el vacío de tus brazos
2014-2015




                                                       Pen on paper, 1'40 x 1'90 m


                                                    Pen on paper, 1'40 x 1'90 m

FUNDACIÓ GUASCH CORANTY
CENTRE D'ART TECLA SALA DE L'HOSPITALET
2015

Llança el buit enfora del teus braços
Obra seleccionada al Premi Internacional de Pintura Fundació Guasch Coranty, 2015.





Fotografía: Isabel Servera



Llança el buit enfora dels teus braços, 2014 
Bolígraf sobre paper. 1'90 m x 1'40 m


Detall





























Pen on hand.
Digital Photography.

LLANÇA EL BUIT ENFORA DELS TEUS BRAÇOS
Museu de Tortosa, Tarragona
2014

(obra seleccionada al Premi de Pintura Francesc Gimeno)


Fui la piedra y fui el centro 
y me arrojaron al mar
y al cabo de largo tiempo
mi centro vine a buscar. 

Copla anónima




Llança el buit enfora dels teus braços, 2014
Bolígraf sobre paper 1'60 x 1'40 m






Fotografia de Sisco Batalla




Altres. Políptic 1 x 0.70 m c/u




Cuerpo de prueba, 2015




Ink on paper. Polyptych. Variables measured. 
2'10 x '40 m in photo






Charcoal on paper 70 x 50 cm 



BIENNAL DE VALLS
Museu de Valls
Valls, Tarragona
2013

La respiració del traç
Obra seleccionada a la Biennal de Valls, 2013



Fotografia, Museu de Valls




LA RESPIRACIÓ DEL TRAÇ
Galeria Esther Montoriol, Barcelona
2013

La respiración del trazo 
The Respiration of the Line 





El germen de los dibujos  surgió de la incapacidad de ver con claridad durante un tiempo. Obligada a esconderme de la luz, acercarme al papel y dibujar se convirtió en el impulso para buscar a tientas las certeza.

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¿Qué realidad describir o construir? El acontecimiento, el preciso instante en que el pensamiento y el trazo se encuentran sobre el papel antes de ser mirada. Reemplazar el tiempo del ver por el de la respiración. Quizás sea esta una de las premisas del dibujo.
Orfeo descendió al Hades para recuperar a Eurídice bajo la promesa de no volver hacia atrás los ojos. Quizás suceda la obra en el momento en que Orfeo gira la cabeza para encontrarla. Si, ansioso por verla, Orfeo hubiera escuchado la respiración de Eurídice a su espalda, ella no hubiera muerto de nuevo.
El resto es escucha: inspiración y expiración*

Èlia Llach

*En la traza. Pequeña zoología poemática. Chantal Maillard, 2008

premsa: 
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